Nuestro Ideario Institucional

La Iglesia Evangélica Luterana Unida (IELU), es evangélica dado que predica el evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Tiene su fundamento en las Sagradas Escrituras, que es la Palabra de Dios y es parte de la Una, Santa, Católica y Apostólica Iglesia de Jesucristo.

La existencia de escuelas e instituciones educativas fundadas y pertenecientes a la IELU son el resultado de una decisión para ofrecer un servicio a la comunidad, responden a una profunda convicción que surge de su propia confesionalidad y de su historia.

Desde el comienzo del siglo XX, la IELU contribuye, a través de sus escuelas al desarrollo de la comunidad y a la formación de un pensamiento crítico que permite una mejor participación e inserción de sus alumnos/as en la vida democrática, como futuros ciudadanos y ciudadanas.

La Congregación El Redentor crea en el año 1920 el Instituto Evangélico Americano de Villa del Parque como una escuela confesional que se compromete a transmitir principios doctrinarios y valores cristianos. La identidad luterana se manifiesta en la transmisión de principios doctrinarios que fueron propuestos y elaborados en la Reforma del siglo XVI por el Dr. Martín Lutero y que aún siguen vigentes:

LA DIGNIDAD DEL SER HUMANO

Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza. La paternidad universal de Dios es la base de la fraternidad humana y la igualdad de todos sin distinción de credo, de raza, cultura, género, condición social y económica. La dignidad humana se manifiesta en el amor, el respeto, y la responsabilidad del ser humano en su relación con Dios y con los otros seres creados.

EL VALOR DE LA CONCIENCIA HUMANA

La conciencia es la capacidad del ser humano que le permite hacer una valoración interna del bien y del mal. Dios instaló en el ser humano la conciencia para el ejercicio responsable de sus actos. El Nuevo Testamento expresa que esta capacidad está iluminada por el Espíritu Santo, la Gracia como don de Dios y las Sagradas Escrituras. Una decisión de conciencia, en el estado actual de pecado del ser humano, podría ser subjetivamente justa y objetivamente inaceptable; pero realizada en un contexto de honestidad personal, a favor del “bien común”, principios expresados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos merece el respeto debido a la dignidad del ser humano como criatura de Dios.

EL SACERDOCIO UNIVERSAL DE LOS FIELES

El sacerdote – pontífice entre Dios y la humanidad es Jesucristo. Dios llega a los seres humanos a través de Cristo y Cristo, Hijo de Dios hecho hombre, llega a Dios. Él es el genuino y único mediador. Los Cristianos, como consecuencia de su identificación con Cristo, asumen también el sacerdocio al cual fue llamado en el bautismo: anuncian el Evangelio, comunican la Buena Nueva e interceden ante Dios en nombre de toda la humanidad de la cual son parte integrante.

LA VOCACIÓN Y LA VALORIZACIÓN DEL TRABAJO

La vocación está relacionada con la valoración del trabajo. El trabajo es la condición natural del hombre y la mujer. Dios asocia al ser humano a su obra creadora mediante el trabajo, por tal motivo, el trabajo dignifica al ser humano. El trabajador, en el sentido cristiano, es “administrador” de los bienes de Dios y “servidor” del prójimo. Dios muestra su amor y justicia, llamando a cada uno, a participar en el desarrollo de la sociedad.

LA LIBERTAD DE INVESTIGACIÓN

El mundo es creación de Dios y los puso a disposición del ser humano a fin de “cultivarlo” y “administrarlo” dentro de la ética del bien común, del respeto y conservación de la creación entera.
Todo ámbito, cultural, científico, económico, político, filosófico o ideológico, es el campo para que la razón humana desarrolle la libertad de investigación.